El concejal Sebastián Rovira presentó un voto negativo a la rendición de cuentas del municipio de Tigre correspondiente al ejercicio 2025. Su exposición ante el Concejo Deliberante fue más allá del análisis técnico del documento. Apuntó directamente al modelo de gestión del intendente Julio Zamora y organizó su argumentación en tres ejes concretos.
Obras que no terminan y actos sin inauguración real
El primer eje fue la ineficiencia. Rovira señaló que el municipio tiene una tendencia a anunciar obras, realizar actos de inauguración y luego seguir construyendo sin fecha de finalización. El Teatro Don Torcuato y el Teatro Talar fueron sus ejemplos centrales. Ambos forman parte del plan de obras estratégicas de 2022 y fueron iniciados en 2023. Ninguno de los dos tiene fecha de apertura al público.
El contraste que eligió Rovira fue el Teatro Otamendi. Arrancó su construcción al mismo tiempo que los dos teatros de Tigre, tiene el doble de capacidad y fue inaugurado el año pasado. El caso del polideportivo número 19 en General Pacheco siguió la misma lógica. El municipio realizó un acto con pantalla y globos dos semanas antes de las elecciones del 7 de septiembre. El complejo no estaba terminado. “Hasta el día de hoy solo tenemos la pileta”, afirmó el concejal.
Recortes en educación mientras la ciudad se pintaba de rosado
El segundo cuestionamiento apuntó al orden de prioridades en el gasto municipal. Rovira reconoció que su bloque acompaña la inversión social, deportiva y cultural. Sin embargo, encontró una contradicción dentro de la propia rendición de cuentas. Mientras la ciudad se cubría de afiches rosados en 2025, el municipio recortaba fondos en áreas esenciales.
El jardín de infantes La Mascota en Benavídez perdió 3.500 millones de pesos. Se trata de una obra prometida por el intendente desde la apertura de sesiones de 2024. La ampliación de la escuela secundaria número 35 en Rincón sufrió un recorte de 932 millones de pesos. “¿Dónde están las prioridades al momento de gastar el presupuesto del municipio?”, preguntó Rovira ante sus pares.
Un municipio que no publica ni su propio organigrama
El tercer punto fue el que Rovira describió como el más grave. El municipio no publica licitaciones, no informa a quién le compra ni a qué precios y no actualiza el estado de ejecución de las obras. Ni siquiera tiene disponible en su sitio web el organigrama institucional.
“No sabemos quiénes son los funcionarios”, afirmó el concejal. Recordó que el propio Zamora reconoció en la apertura de sesiones de este año que el municipio cuenta con 300 funcionarios. Para Rovira, la ciudadanía tiene derecho a saber en qué se gasta su dinero. “Es la gente quien banca los sueldos de todos los funcionarios”, sostuvo.
Un voto negativo con argumentos técnicos
Con ese diagnóstico, el bloque rechazó la rendición de cuentas. “Nuestro bloque no puede acompañar una rendición de cuentas de un municipio que es ineficiente, que tiene las prioridades dadas vuelta y que es poco transparente al momento de gastar”, concluyó Rovira antes de emitir su voto negativo.
La exposición del concejal, economista y magíster en Políticas Públicas por la Universidad de San Andrés, reforzó el perfil de fiscalización técnica con el que viene construyendo su espacio político en Tigre desde que asumió su banca a los 25 años.



