Zamora en 2022 prometió un crecimiento “ordenado y sustentable”: lo que dejó la ordenanza de altura en Tigre

En una entrevista con Jorge Fontevecchia para Perfil, el intendente de Tigre, Julio Zamora, describió con precisión el modelo de ciudad que quería construir. Un crecimiento “vertiginoso” pero “ordenado y sustentable”. Una infraestructura de cloacas y agua corriente que habilita la densificación pero con planificación. Un municipio turístico que cuidara el río. Las palabras fueron claras. Lo que vino después, también.

Lo que Zamora dijo en 2022

La entrevista de 2022 es un documento político en sí mismo. Zamora explicó a Fontevecchia la lógica detrás del crecimiento de Tigre: la extensión de cloacas y agua corriente abría la puerta a la construcción en altura, y ese proceso debía ser, en sus propias palabras, “ordenado y sustentable”.

“El municipio de Tigre tiene el río, es un municipio turístico por naturaleza”, afirmó entonces. Y agregó que el crecimiento “tiene que ser ordenado, sustentable”, con políticas que protejan el turismo y el empleo local.

No era una promesa menor. Era el marco conceptual con el que Zamora justificaba la expansión urbana: infraestructura primero, densificación después, todo con planificación y con la identidad territorial como eje.

Lo que dejó la ordenanza

Años después de esa entrevista, el escenario que los vecinos describen es otro. Las cloacas desbordan. Las redes de agua no alcanzan. El tránsito colapsa. Y la ordenanza de altura que el municipio impulsó fue cuestionada desde múltiples sectores, no como una norma de planificación, sino como un mecanismo para reactivar construcciones frenadas por un amparo judicial.

El proyecto fija alturas máximas por zona pero incluye un capítulo de “compensaciones” que permite a las desarrolladoras superar esos límites a cambio de paneles solares, sistemas de recolección de agua o cesión de espacios en costas. Roberto Goldsmith, de la ONG Comunidad Verde, fue directo: “Esta ordenanza es directamente una trampa. Establece alturas máximas, pero crea atajos para sortearlas. Es inadmisible que se use el camino de Sirga como moneda de cambio”.

La arquitecta Sabrina González formuló la pregunta que el municipio no respondió: “¿Para qué una vivienda, que es el uso dominante del barrio, necesita tantos pisos?”

La promesa del orden que no llegó

El contraste entre el Zamora de 2022 y la ordenanza aprobada es el punto central del debate político en Tigre. El intendente construyó durante años un relato sobre crecimiento planificado. La norma que impulsó su gestión no incluye un nuevo Código Urbano, no revisa las habilitaciones ya aprobadas, no aborda el impacto acumulado de cientos de proyectos en zonas como Ruta 27, La Bota, Bancalari-Villanueva, Villa La Ñata y General Pacheco.

Ayelén Gómez, técnica en Gestión Ambiental, resumió lo que los vecinos piden: “No decimos no al desarrollo, decimos no avanzar a ciegas. Primero entendamos el territorio, segundo ordenemos lo existente y recién después discutamos cómo y cuánto crecer”. Es exactamente lo que Zamora prometió en 2022. Y exactamente lo que la ordenanza no hace.

Gonzalo Clará fue más contundente sobre la infraestructura que Zamora presentó como base del crecimiento sustentable: “Las cloacas no soportan edificios, señores. Los notificamos de eso uno por uno para decirles que las plantas no van para edificios”.

Gloria Guevara, arquitecta y vecina de Don Torcuato, cuestionó directamente la narrativa oficial: “Es una mentira que se hayan hecho las cloacas y las redes de agua en Don Torcuato”.

El argumento que se volvió en contra

En 2022, Zamora usó la extensión de cloacas como argumento para justificar el paso de construcciones de superficie a edificios en altura. Cuatro años después, los vecinos usan el mismo argumento en sentido inverso: la infraestructura no está, los servicios no alcanzan, y la ordenanza que se aprobó no garantiza factibilidades reales antes de habilitar nuevos proyectos.

La subsecretaría de Planeamiento Urbano, Florencia Finauri, explicó durante una reunión que el proyecto exige a los desarrolladores presentar factibilidades de servicios antes de cualquier aprobación. Pero esa garantía tampoco convenció. La desconfianza vecinal tiene historia: años de excepciones, habilitaciones extraordinarias y ausencia de un Código Urbano integral que ordene el desarrollo del distrito.

Inés Williams, vecina de Tigre Centro, lo tradujo en términos culturales y patrimoniales: “Tenemos torres tipo Miami, con sus palmeras, con sus luces prendidas todo el día, y lo que era Tigre, la historia de Tigre, ya no está en ninguna parte”.

La pregunta que queda abierta

Daniel Groso, vecino de Pacheco, eligió las palabras con cuidado: “No estamos en contra de progresar, siempre y cuando no atente contra la vida de nuestro espacio. Este Tigre que plantea este proyecto de ordenanza es para los próximos dos o tres años en beneficio de los desarrolladores”.

En 2022, Zamora prometió un crecimiento que beneficiara a los vecinos, que cuidara el río, que generará empleo local. El debate político en Tigre hoy gira en torno a una pregunta concreta: ¿qué quedó de ese modelo después de la ordenanza que se aprobó?

La respuesta no la tiene el municipio. La tienen las cloacas que desbordan, las calles que colapsan y los barrios como La Bota, donde los vecinos resisten la presión inmobiliaria con un argumento simple: “No se puede poner el negocio de los metros cuadrados por encima del ambiente, de los servicios, de la infraestructura y de la vida cotidiana de cientos de vecinos”.

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