El nuevo aumento de colectivos y trenes que rige desde este 1° de julio volvió a poner el gasto en transporte en el centro de la conversación de todos los días. Pero para entender lo que pagamos hoy, vale la pena mirar hacia atrás: el boleto porteño y bonaerense pasó por al menos tres grandes etapas, cada una con su propia postal.
El boleto de papel: 3 australes y la fiebre del capicúa

La imagen que acompaña esta nota es un clásico: un boleto de colectivo de la linea 60 con moneda austral, la moneda que reemplazó al peso argentino en 1985 en medio de una inflación descontrolada. Ese ticket, que costaba apenas 3 australes, era cortado a mano por el propio chofer con la boletera, esa máquina metálica de la que salían tiras de papel de colores, y entregado al subir.
En ese sistema, cada boleto tenía un número impreso, y buscar el capicúa (el número que se lee igual de adelante hacia atrás) era casi un ritual de cada viaje. Los que tenían suerte se guardaban el papelito “para la buena”, lo jugaban a la quinela o simplemente lo coleccionaban por línea, color o las frases que a veces llevaban impresas al dorso.

El recambio: la llegada de las máquinas expendedoras de monedas
Ese ritual empezó a apagarse a comienzos de los años 90. La Ley Nacional de Tránsito de 1991 estableció que los choferes debían dejar de cortar y cobrar boletos, y una resolución de 1992 fijó las especificaciones técnicas para las nuevas lectoras de monedas. A mediados de 1981 ya se había probado una boletera computarizada de origen finlandés en una treintena de coches de la línea 51, pero el cambio definitivo tardó más de una década en concretarse.

El 1° de mayo de 1994, un feriado, domingo, elegido a propósito para amortiguar el impacto, debutaron oficialmente las máquinas expendedoras obligatorias en los colectivos porteños y bonaerenses. El estreno no fue sencillo: no hubo ninguna campaña educativa previa para que la gente aprendiera a usarlas, y muchas quedaron instaladas a una altura tal que las personas de baja estatura y los chicos no llegaban a la ranura para poner las monedas. Se generaron demoras, colas larguísimas y hasta episodios de violencia por la escasez de monedas para el vuelto, un problema que llegó a motivar que el Banco Central aumentara la emisión de moneda metálica para descomprimir la situación.
Con el correr de los años, marcas como Klüssendorf, TCS-IBM y Monebus se volvieron parte del paisaje cotidiano de cualquier colectivo del Gran Buenos Aires, hasta que la tecnología de tarjeta terminó por desplazarlas.
La tarjeta SUBE: el fin de la moneda suelta
El siguiente gran salto llegó recién en 2009, cuando por decreto se creó el Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE). La implementación fue gradual: recién en 2011 empezó a distribuirse la tarjeta, y no fue hasta diciembre de 2015 que se convirtió en el único medio de pago habilitado en las líneas del AMBA. Desde mayo de 2025, además, ya es posible pagar el boleto con tarjetas de débito, crédito o dispositivos con NFC, sin necesidad de la SUBE física.

Lo que pagamos hoy, y por qué no para de subir el boleto
El aumento que empezó a regir este miércoles 1° de julio se enmarca en un esquema de actualizaciones mensuales que el Gobierno nacional y las jurisdicciones de Ciudad y Provincia vienen aplicando desde hace más de un año. Así quedaron los valores mínimos con tarjeta SUBE registrada:
- Colectivos de la Ciudad de Buenos Aires (suba del 4,1%): el tramo de 0 a 3 km pasó a costar $820,99.
- Colectivos de la provincia de Buenos Aires (suba del 4,3%): el mismo tramo llegó a $1.059,28, es decir, más caro que en CABA.
- Trenes del AMBA (líneas Mitre, Sarmiento, San Martín, Urquiza, Roca, Belgrano Norte y Belgrano Sur): con una suba del 8,6%, el boleto mínimo pasó de $350 a $380.
- Subte porteño: subió 4,1%, de $1.558 a $1.621.
Estos números no son un hecho aislado. El esquema tarifario de los trenes viene de una actualización escalonada especialmente fuerte: entre mayo y septiembre de 2026 la suba acumulada en algunos tramos supera el 90%, aplicada en cuotas mensuales de entre el 10% y el 18%. Según estimaciones del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET, el rubro transporte, que representa cerca del 40% de la canasta de servicios del AMBA, acumula desde noviembre de 2023 un ajuste tarifario cercano al 1.354%, muy por encima de la inflación general del período.
Recordar el boleto con el precio de 3 australes nos genera nostalgia pero también nos demuestra como con el pasar de los años el valor de esté demuestra como la economía del país empeoró, principalmente en los últimos años, donde bajo el actual gobierno pasó de 300$ a $1059, una triste realidad.



